Enid Nuñez, Abuela.

 

Habían pasado 5 años desde la ultima vez que me senté en la mesa con la abuela. Varado en la memoria encontré sus manos en los cordones que nunca aprendí a atar y el recuerdo de aquellos wilas que jugaban en el patio a cazar tréboles de 4 hojas, entre los charcos y una voz de alerta diciendo: “cuidado wilas”.

Puso un pichel de Tang en la mesa y las hojas rotas empezaron a agitar la casa aquel domingo. Ella hablaba, Yo escuchaba y tomaba fotos amarillentas, atrincherado en el rincón de sus canas , en el surco de sus expresiones.

 

 

Por Rodrigo Mejías García .

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