Del otro lado del río

Un sentido primario, algunos lo llamamos sobrevivencia, otros oportunidades, asi llegaron estos dos moncheños al norte. Tan al norte que doña Flor lloraba todos los días de la soledad y don Eduardo trabajaba sin parar en la tierra; asi criaron a sus hijos y con el paso del tiempo se hicieron uno con el norte, con las tradiciones, con la siembra, con el río.

A como cambiaron ellos, cambio el área y ahora ellos dan amor a miles de turistas en su preciosa casa y su sello innombrable: la caña.

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